Hablar de mi relación con el teatro es hablar de La Celebración. La obra que me llevó al teatro por primera vez, la primera obra de la que me enamoré.
Fue en febrero, días antes o días después de mi cumpleaños. No me había animado ir al teatro antes tal vez por flojera, desconfianza y prejuicio (creía que los actores sobreactuaban y que nada podía ser creíble), pero había algo de La Celebración que me atraía, el argumento, los actores, que esté basada en una película de Vinterberg, que sé yo.
Ese día fui al teatro con miedo, ansiedad, escalofríos, etc. como un aviso de lo que iba a suceder esa noche.
Las luces se apagaron.
Y salió Paul Vega.
Ya no estaba ahí, en mi butaca. Estaba en el escenario, era Paul Vega, era Sanchez Patiño, luego Jimena Lindo, Pilar Brescia, Hernán Romero...
Luego volvía a mi sitio y observaba todo desde afuera, luego otra vez me metía al escenario. Estaba tensa, mi cuerpo no se movía, estaba como una piedra, pero mis sentidos viajaban de aka para allá xD.
Me enterneció, me desgarró, me sacudió.
Cuando terminó la obra, mi corazón estaba a mil por hora, aplaudí como nunca. Cuando se prendieron las luces, no podía moverme, quería gritar, quería llorar. La obra me había dejado destrozada pero había hecho un descubrimiento fascinante: el teatro.
La Celebración no hubiera sido la misma si no hubiera estado Paul Vega ahí, para recordarnos que haya pasado lo que haya pasado, la aceptación de la verdad, por más dolorosa que sea, es lo único que nos puede dar la fuerza necesaria para poder salir adelante. Aunque nunca perdonemos u olvidemos.
Paul Vega fue Christian y me hizo sentirme él. Que no aceptó jugar a la familia feliz, y que fue contra todo porque no podía seguir viviendo bajo el peso de su pasado. Para mí, Christian buscaba una liberación, sin importar lo que pase en el camino.
Pilar Brescia, la madre sumisa, esas hay a montones. Hernán Romero, el cabeza de familia autoritario, esos también hay a montones. Andrés, que se ciega y defiende su verdad hasta el final(porque, como el niño que es, quiere seguir jugando a la familia feliz), hasta que se da cuenta de lo que pasa y entonces su mundo no puede más y explota. Helena, que sabe la verdad, pero no lo dice, la calla, para que los demás no tengan que cargar con ese peso; porque quiere seguir jugando, como la niña que es, a la familia feliz.
Christian ya no juega, a Christian se le acabó la infancia hace mucho. Christian calló durante tanto tiempo, tratando de olvidar y encontrar paz. Pero la muerte de su hermana le hace ver que la unica forma de encontrar la paz es enfrentando eso que él quiere olvidar...
Y después de todo, quizá la familia Hansen vuelva a ser igual, sus hijos volverán al padre, su esposa al marido, como si nada pasó.
Pero Christian no, él ya estará lejos de ahí, en paz y ahora sí viviendo su vida.
Un video de esta obra hecha por Plasma Studio, que es mucho, mucho mejor que el que le hizo El Comercio:
De toda la obra, una escena que jamás, jamás olvidaré. Christian le grita a su madre, ella, cómplice del abuso. Paul Vega se ganó mi admiración y mi sincero amor ese día. Luego de un tiempo vi la película, pero no volví a sentir lo que sentí en la obra. (este video tiene solo una parte de esa escena, fue lo unico que encontré, es de Colombia, cuando la obra se fue para el festival de teatro de ese país):








